Quartiere a Luci Rosse (Barrio Rojo - De Wallen)
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De Wallen, el infame barrio rojo de Ámsterdam, es un lugar donde la historia, el arte, la política y la vida social se entrelazan en un fascinante mosaico. Este barrio, situado en el corazón de la ciudad, es uno de los más antiguos de Ámsterdam, que data del siglo XIII. Conocido por sus estrechas callejuelas y sus pintorescos canales, De Wallen es un área que cuenta historias de tolerancia, comercio y cambio social.
El origen del nombre “De Wallen” se remonta a las antiguas murallas defensivas que una vez protegieron la ciudad. Desde la época medieval, Ámsterdam era un próspero puerto comercial, y la afluencia de marineros contribuyó al desarrollo de una vibrante industria del sexo. La prostitución, aunque vista con desprecio desde el punto de vista moral, fue tolerada durante siglos. Las mujeres que ejercían esta profesión estaban confinadas en determinadas áreas de la ciudad, como De Wallen, para mantener una especie de orden social.Durante el siglo XVI, con la ocupación española y el ascenso del protestantismo, las leyes se volvieron más severas y la prostitución fue relegada a las sombras de la legalidad. Sin embargo, la situación cambió nuevamente en el siglo XVIII con la expansión económica y el surgimiento de la clase media que buscaba disociarse de las clases más bajas, incluidas las trabajadoras sexuales.Un punto de inflexión significativo se dio con la llegada de Napoleón y sus tropas, que introdujeron regulaciones sanitarias para proteger a los soldados de las enfermedades venéreas. Las prostitutas debían someterse a controles médicos regulares, una medida progresista que mejoró temporalmente sus condiciones de vida. Después de la partida de las tropas napoleónicas, la tolerancia disminuyó nuevamente bajo la influencia de la moralidad cristiana dominante.El siglo XX trajo más cambios. En los años 60 y 70, el movimiento de liberación sexual y la creciente tolerancia hacia estilos de vida alternativos favorecieron una nueva actitud hacia la prostitución. En el año 2000, los Países Bajos dieron un paso adelante en la regulación del sector, haciendo de la prostitución una profesión legal. Este cambio legislativo tenía como objetivo mejorar las condiciones de trabajo y combatir la explotación y la trata de personas.Hoy en día, De Wallen es un barrio que mezcla lo viejo y lo nuevo. Las icónicas ventanas iluminadas de rojo están acompañadas de cafeterías, bares y restaurantes, creando una atmósfera única que atrae a millones de turistas cada año. Las vitrinas, detrás de las cuales las trabajadoras sexuales ofrecen sus servicios, son una atracción principal, pero el barrio ofrece mucho más. La Oude Kerk, la iglesia más antigua de Ámsterdam, se erige como un monumento histórico en el corazón del distrito, testimoniando siglos de historia de la ciudad.La influencia de la legalización se refleja en varios aspectos de la vida cotidiana del barrio. Las trabajadoras sexuales deben estar registradas y cumplir con estrictas normativas sanitarias, y la policía realiza controles regulares para garantizar el cumplimiento de las leyes. Este sistema no solo protege a las trabajadoras, sino que también mejora la imagen del barrio, tratando de equilibrar entre tradición y modernidad.Una de las figuras clave en la transformación del barrio es Mariska Majoor, ex prostituta y fundadora del Centro de Información sobre la Prostitución. Majoor ha organizado jornadas de puertas abiertas y ha promovido iniciativas para sensibilizar al público sobre las condiciones de trabajo de las trabajadoras sexuales. Gracias a su compromiso, en 2007 se inauguró un monumento dedicado a las prostitutas, una estatua de bronce llamada “Belle” situada frente a la Oude Kerk. Este símbolo de respeto y reconocimiento es un testimonio tangible de la evolución del barrio.A pesar de su fama ligada al comercio del sexo, De Wallen es también un vibrante centro cultural. Alberga museos únicos como el Ons’ Lieve Heer Op Solder, una iglesia secreta situada en una casa del siglo XVII, y el Museo de la Prostitución, que ofrece una mirada profunda a la historia y las realidades del trabajo sexual. Además, el barrio es un lugar de experimentación culinaria y entretenimiento, con una amplia gama de restaurantes, cafés y teatros eróticos.
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